sábado, 2 de marzo de 2013

El Motu Proprio


la Carta del Papa que acompaña al "Motu Proprio" sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma de 1970, Su Santidad señala que "se han dado reacciones muy divergentes, que van desde una aceptación con alegría a una oposición dura".
A día de hoy los medios continúan haciéndose eco de las distintas manifestaciones y posicionamientos ante el Motu Proprio.
Desde un posicionamiento genuinamente católico no puede menos de llamar la atención la actitud de oposición en la que persisten algunos miembros de la Iglesia, incluídos algunos exponentes de la jerarquía. Estos, sin pudor alguno, airean a los cuatro vientos su intransigencia, lo que evidencia, una vez más, que "no hay nadie más sectario que un liberal".
Resulta muy clarificador el hecho de que estos mismos no han mostrado ni muestran el mismo celo, ni la misma vehemencia ante la situación que también el Papa describe en la Carta que nos ocupa:"En muchos lugares no se celebraba de una manera fiel a las prescripciones del nuevo Misal, sino que éste llegó a entenderse como una autorización e incluso como una obligación a la creatividad, lo cual llevó a menudo a deformaciones de la Liturgia al límite de lo soportable. Hablo por experiencia porque he vivido también yo aquel período con todas sus expectativas y confusiones. Y he visto hasta qué punto han sido profundamente heridas por las deformaciones arbitrarias de la Liturgia personas que estaban totalmente radicadas en la fe de la Iglesia".
Respecto a esta cita tendríamos que decir que el Santo Padre se muestra en ella excesivamente indulgente, siendo consciente de ello con toda probabilidad, porque a día de hoy son muy numerosas las ocasiones en las que las deformaciones de la Liturgia superan con creces el límite de lo soportable. Véanse las innumerables muestras de ello en fotografías y vídeos que circulan por internet.
Es realmente grotesco que a estos que se les ponen los pelos de punta por la celebración de la Santa Misa conforme al Misal de 1962, se queden tan repeinados ante semejantes bodrios, que en muchos casos son verdaderas profanaciones y sacrilegios.
Es bueno el debate surgido. Es clarificador. Al menos así "quedan al descubierto los pensamientos de muchos corazones". Mientras el Papa trabaja por la unidad y por la paz -también litúrgica-, en el seno mismo de la Iglesia se levantan voces de corazones que permanecen cerrados a la llamada del Padre común:
 "Nuestro corazón se ha abierto de par en par. No está cerrado nuestro corazón para vosotros; los vuestros sí que lo están para nosotros. Correspondednos; ...abríos también vosotros". "ABRAMOS GENEROSAMENTE NUESTRO CORAZÓN Y DEJEMOS ENTRAR TODO A LO QUE LA FE MISMA OFRECE ESPACIO".

Pablo VI oficiando la Santa Misa

No deberían pasarnos desapercibidas dos anotaciones de Benedicto XVI en la Carta a los obispos: el Missale Romanum, publicado con la autoridad del Papa Juan XXIII en 1962, fue utilizado durante el Concilio, lo cual echa por tierra su "anticonciliaridad". Pero es que, además, el mismo Papa, en otro párrafo, nos recuerda que
 "en la historia de la Liturgia hay crecimiento y progreso pero ninguna ruptura. Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser improvisamente totalmente prohibido o incluso perjudicial".
De esta manera el Romano Pontífice asesta un golpe mortal a la idea de una pretendida "Iglesia nueva"o "Iglesia posconciliar", en oposición a una supuesta "Iglesia vieja" o "Iglesia preconciliar", a la que el Concilio habría dado muerte y enterrado solemnemente. No hay dos Iglesias, sino una sola Iglesia de Jesucristo, la única y la misma en el transcurrir de los siglos, sin rupturas.
La segunda anotación, no menos importante y significativa, es la siguiente:
 "quisiera llamar la atención sobre el hecho de que este Misal no ha sido nunca jurídicamente abrogado y, por consiguiente, en principio, ha quedado siempre permitido".
La pregunta que no podemos dejar de hacernos ante esta afirmación no es otra que ¿de dónde ha surgido, pues, tanta guerra, tantos sufrimientos espirituales y morales, e incluso tan escandalosas persecuciones contra los hermanos en el seno mismo de la Iglesia?... ¿De qué manera se ha ejercido la autoridad en este último período de la historia de la Iglesia? ¿ Llegó a ser suplantada la autoridad por el autoritarismo?...



Vengamos al presente y, de la mano de Benedicto XVI, dispongámonos a servir a la Iglesia y a trabajar por la extensión del Reino de Cristo, teniendo en cuenta:
1."Nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia y de darles el justo puesto".

2."Se ha visto claramente, que también personas jóvenes descubren esta forma litúrgica, se sienten atraídos por ella y encuentran en la misma una forma, particularmente adecuada para ellos, de encuentro con el Misterio de la Santísima Eucaristía".

3."Se expresó el temor de que una más amplia posibilidad de uso del Misal de 1962 podría llevar a desórdenes e incluso a divisiones en las comunidades parroquiales. Tampoco este temor me parece realmente fundado".

4."No se quita nada a la autoridad del Obispo cuyo papel será siempre el de vigilar para que todo se desarrolle con paz y serenidad".

"Cada uno ha de vivir y expresar que es consciente de encontrarse en toda celebración ante la majestad infinita de Dios, que llega a nosotros de manera humilde en los signos sacramentales(...)
Recibir la Eucaristía significa adorar al que recibimos.Precisamente así, y sólo así, nos hacemos una sola cosa con Él y, en cierto modo, pregustamos anticipadamente la belleza de la liturgia celestial".
-Sacramentum Caritatis-
P. Manuel María de Jesús

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