sábado, 2 de marzo de 2013

De la carta del RP Dom Jehan a Mgr. Oliveri




Benedictinos de la Inmaculada

...Nuestro apego al rito tradicional es una unión de la fe y del amor que, parecida a la unión conyugal, nos obliga a una fidelidad exclusiva. Supone y pone de manifiesto una teología y una pastoral que no pueden concordar con una liturgia que da la espalda a Dios en el diálogo y el “estar juntos”.

“La reforma litúrgica, reconocía ya el Cardenal Ratzinger, ha causado daños sumamente graves para la fé” (La mia vita, ed. San Paolo, Roma, 1997). La denunciación y el derribo por Benedicto XVI del tabú del “conciliarmente correcto” o del “espíritu del Concilio” poco a poco liberan los espíritus, y cada vez más Pastores y teólogos reconocen públicamente las carencias y ambigüedades doctrinales del N.O.M. Ahora bien, como lo recordaba Juan Pablo II, “la Eucaristía es un don demasiado grande como para poder soportar ambigüedades y reducciones” (Ecclesia de Eucaristía, n° 10).

Este es el drama que vive la reacción tradicional : mientras quiere conservar la unión jerárquica deseada por el Señor, se niega a vincularse a un rito en el que, aunque sea válido y legal, no reconoce el testimonio auténtico de una fe sin equívoco. El Cardenal Ratzinger se daba perfecta cuenta de ello cuando escribía en su autobiografía : “Estoy convencido de que la crisis de la Iglesia que vivimos hoy se debe en gran parte a la desintegración de la liturgia”. ¿No es esta la razón fundamental por la que el Papa mismo aspira a reformar la reforma litúrgica sobre el modelo de la misa de siempre?

Es verdad que este grave fallo de la liturgia actual, incluso cuando la celebran con la dignidad requerida, no resulta siempre ni fácilmente perceptible a los espíritus teológicos puesto que el lenguaje de la liturgia no es el de la doctrina. Esta manipula los conceptos, aquella los signos. Esta se dirige a la inteligencia, aquella al ser humano entero, cuerpo y alma. « La liturgia », decía Péguy, « es teología relajada ». Si la liturgia es obra de la fe de nuestros Padres, es por consiguiente su expresión y su depositaria. Todo lo que contraría el sentido litúrgico tradicional es al menos equívoco. A título de ejemplo, el contra-altar al revés hiere instintivamente la piedad litúrgica. Solo conozco un obispo – esto le honra, Monseñor – que haya pedido a sus sacerdotes que quiten la mesa colocada delante del altar. La orientación litúrgica significa en efecto que el culto que rendimos es primero para el honor y la gloria de Dios, y no una autocelebración de la asamblea que, diálogo obliga, necesita colocar el crucifijo de lado ; en el centro molestaría. La liturgia que recibimos de toda la tradición dos veces milenaria de la Iglesia es Opus Dei y no opus hominum, una liturgia que viene de Dios y no una liturgia “fabricada” como lo escribía el Cardenal Ratzinger.




La mentalidad tradicional, aún reconociendo la validez y la legalidad eclesial del N.O.M., no encuentra en él la plena expresión de su fe. Tal es la razón profunda de su alejamiento con respecto a él y de su rechazo instintivo de emplearlo. La concelebración, ni obligación jurídica ni siquiera necesidad teológica, no le choca como tal. En nuestra época donde se experimenta una particular necesidad de sentirse juntos expresa, es verdad, un vínculo fraternal entre los sacerdotes que es un signo de comunión ecclesial. Lo que rechaza la mentalidad tradicional es más el rito que la concelebración misma. Sin embargo, prefiere y con mucho la forma más antigua con diácono, sub-diácono, ministros inferiores, que pone de manifiesto una comunión jerárquica más expresiva de una sana eclesiología que una comunión igualitaria, influenciada por la mentalidad democrática de la sociedad.

Dom Gérard, nuestro fundador, compenetrado como Dom Guéranger con la idea litúrgica, escribía en una de sus numerosas obras sobre este tema : “La Iglesia, Esposa y Cuerpo místico de Cristo, es la más diversificada, la más estructurada, la más jerarquizada sociedad que existe : desde la cumbre hasta la base todo en ella lleva el sello de una jerarquía sagrada dimanada de su centro vivificante. Esta Iglesia celestial, integrada por ángeles y elegidos que nuestros pintores primitivos representaron con los ojos muy abiertos, las manos juntas y colocados en orden alrededor del Cordero, desde los grandes Serafines hasta las almas del Purgatorio que suben a tomar sitio entre los innumerables coros, ella es nuestra verdadera patria, y viéndola esbozarse delante de nuestros ojos hacemos el aprendizaje de la eternidad.” (La Sainte liturgie, éd. Sainte-Madeleine, p. 59-60, Le Barroux, 1982.)


Fr. Jehan, mbi

Anexo:

“¡ Que me importa el pasado por el pasado ! exclamaba Gustave Thibon ¿no ven ustedes que cuando estoy llorando por la ruptura de una tradición, estoy pensando sobre todo en el futuro? Cuando yo veo pudrirse una raíz, tengo piedad de las flores quienes mañana se secaran por falta de savia. Tales son para nosotros las razones de mantener ardientemente las formas las más sagradas de la liturgia católica”.

2 comentarios:

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    1. Benedictinos de la Inmaculada
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